PENINA

una mujer vencida por los celos

 

 

«Las más grandes autori­dades médicas nos dicen que la causa más profun­da de muchas de las en­fermedades son las reac­ciones emocionales de la vida. Un odio amargo y prolongado puede dañar el cerebro y causar des­órdenes de corazón, ele­var la presión sanguínea y causar indigestiones hasta producir llagas en el estómago. Todo esto hasta tal punto de grave­dad que puede causar la muerte de una persona. » Roberto D. Foster[1]

 

 

1o Samuel 1:1-8 Hubo un varón de Ramatáyim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcaná hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía.

Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofní y Fineés, sacerdotes de Jehová.

Y cuando llegaba el día en que Elcaná ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida: porque amaba a Ana aunque Jehová no le

había concedido tener hijos. Y su rival la irritaba, enojándola y entriste­ciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos.

Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. Y Elcaná su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

 

Proverbios 14:30 El corazón apacible es vida de la carne, mas la envi­dia es carcoma de los huesos.

 

Proverbios 6:34 Porque los celos son el furor del hombre, y no perdo­nará en el día de la venganza.

 

 

Penina vivía en un período oscuro para su pueblo. Después de que moisés y Josué gobernaron la nación de un modo tan eficiente, vino el declive en tiempo de los jueces.

Dios mismo quería gobernar; sin embargo, el pueblo, poco interesado en Dios, estaba volviéndose rápidamente al servicio de los ídolos. El go­bierno teocrático había fallado.

Esto trajo la anarquía. Las leyes del gobierno no eran obedecidas, cada cual hacía lo que le parecía justo a sus propios ojos.[2]' El clima espiritual no era mejor. La ira de Dios estaba acumulándose sobre la cabeza de Elí -el sumo sacerdote- a causa de su tolerancia con el mal comportamiento de sus hijos Ofní y Fineés.

Elí ve que ellos están comiendo lo mejor de los sacrificios ofrecidos por el pueblo de Dios; conoce también que su comportamiento sexual degrada el tabernáculo. Sin embargo, no los reprende sino con mucha suavidad.[3] El juicio de Dios está próximo. La casa de Elí ha perdido toda su influencia y la nación está a punto de ser avasallada por sus enemigos mortales: los filisteos.

Pero aún más temible que esto es el juicio que Dios pronuncia en aquellos días. Hay poca comunicación entre El y su pueblo, como dice el texto bíblico: «Y la palabra del Señor era rara en aquellos días; no había visión frecuente».[4] Esto es el fondo del cuadro del hogar de Penina.

Elcaná, su marido, tiene dos esposas. Dios quería que cada hombre tuviera una mujer, y cada mujer un marido.[5] Desde que el pueblo cayó, apartándose de su ideal, él provee para tales excepciones, a fin de prote­ger al primogénito.[6] Cualquiera que se desvía de los planes de Dios se acarrea dificultades sobre si mismo y para otros. Elcaná es un ejemplo de ello; la atmósfera en su hogar es intolerable; se acumula más fuego en el conflicto cuando Penina tiene hijos y su otra esposa, Ana, no los tiene.

La religión tiene un lugar propio en aquella familia, pero aun cuando cada miembro cumple con los deberes religiosos, no hay una realidad espiritual.

Penina está descontenta, no siente gratitud hacia Dios por sus hijos y por las otras cosas buenas que posee. Su vida está paralizada por falta de gratitud. No se le ocurre que además de la maternidad hay otros deberes que realizar, como el de amar al prójimo. Para una mujer judía el tener muchos hijos es lo principal; generalmente esto era tomado como una prueba del favor de Dios. La vida de la madre continuará en la de sus hijos mucho después de su muerte.

Por el contrario, la otra mujer está terriblemente abrumada a causa de su esterilidad.

Pero el espíritu de Ana no está dañado por el ambiente mundano de los tiempos en que vive. Dios es lo central en sus pensamientos, y sus hechos son inspirados por la fe. Es atractiva y amable. Elcana ve la clara diferencia entre las dos mujeres y no puede hacer otra cosa que preferir a Ana más que a Penina. Esta no es inspirada por el buen ejemplo espiritual de su compañera; sino todo lo contrario, se considera superior a Ana porque ha tenido hijos, muchos hijos. El hecho de que es Dios quien le ha concedido tal privilegio no entra en su mente.

Penina está celosa.

Provoca a Ana constantemente, especialmente cuando llegan los días de fiesta de los judíos. Aquellos días causan a Ana más dolor, ya que era costumbre que las familias viajaran anualmente a visitar la casa de Dios establecida en Silo. Penina aprovecha la ocasión para lanzar sus dardos envenenados contra su compañera Ana, que no tenía hijos para presentar al Señor.

Penina es amarga; permite que la amargura de sus celos arraiguen en su corazón.[7] Puesto que ella no tiene ningún cuidado en guardar su cora­zón,[8]su vida está envenenada por la envidia.

«Los celos producen el odio del hombre», dice Salomón. Es como un fuego, que si no es apagado rápidamente no puede ser detenido, porque afecta a todas las partes del cuerpo; particularmente la lengua,[9] que, sien­do uno de los miembros más pequeños, puede encender un fuego que destruye vidas enteras.[10] No es extraño que la Biblia diga: «Es inflamada del fuego del infierno»,[11] porque la envidia que devora a la persona pro­cede de Satanás. Destruyó al mismo Satanás, que envidió al mismo Dios. En su orgullo quiso ser como El, lo cual causó su caída[12] Por tanto, Sa­tanás se goza cada vez que un ser humano cae en esta trampa que él ha preparado. A menudo tiene grandes éxitos, pues la gente es envidiosa por naturaleza. Es irónico -como indica Santiago- que las personas puedan permitir a un miembro -que en muchas ocasiones es usado para hablar de Dios y honrarle- que sea inspirado por el infierno.

La envidia procede de la rivalidad, el egoísmo y la falta de humildad. La envidia busca su propio interés, no el de los demás. La Biblia nos advierte fuertemente en contra de ella.[13]

Caín mató a Abel a causa de la envidia.

La envidia procede de la mente. Si no es detenida a tiempo y traída a Dios,[14] arruina la mejor vida y las relaciones personales.

Horacio dijo: «El hombre envidioso adelgaza ante la prosperidad de otro». Este es el caso de Penina.

La envidia no es una pequeña debilidad de carácter que Dios tolerará, sino que es puesta en una lista de pecados que nosotros consideramos mucho mayores: adulterio, idolatría, hechicería, etc.[15]

La envidia es sutil, y es un mayor peligro para la persona que se deja prender por ella que para la persona a quien es dirigida, pues como un boomerang repercute contra la persona envidiosa. Pénina lo experimentó así; no pudo resolver sus problemas, cuando la solución estaba al alcance de su mano observando la fe de Ana.

 

 

Penina, una mujer vencida por los celos.

(12 Samuel 1:1-8; Proverbios 6:34; 14:30; 27:4.)

 

Preguntas

1.                  ¿Qué palabras notables se leen en el relato de la actitud de Penina hacia Ana?

2.                 Como mujer judía con hijos, Penina era muy privilegiada, mucho más que la estéril Ana; entonces, ¿por qué la trataba del modo que lo hacía?

3.                 ¿Cómo son llamados la envidia y otros pecados mencionados en Gálatas 5:19-21 ? ¿Qué le choca cuando compara este vicio con otros citados en este pasaje?

4.                 Considere la vida de Penina a la luz de Proverbios 4:23 y 22 Corin­tios 10:5. ¿Qué conclusiones se pueden sacar de ello?

5.                 ¿Qué nos dice su vida cuando la consideramos a la luz de Santiago 3:2-8?

6.                 ¿Hay cosas en su vida que quisiera corregir después de estudiar la vida de Penina? Ore acerca de ello y formule entonces una deci­sión acerca de cómo puede empezar.

 



[1] Estudios sobre la vida cristiana. Libro 4: «El carácter del cristiano», 1964. «Los Nave­gantes». Colorado Springs, Colorado.

 

[2] Jueces 21:25.

[3] 1o Samuel. 2:12-33.

[4] 1o Samuel 3:1b.

[5] Génesis 2:18; Mateo 19:4-6; 1,1a Corintios 7:2.

[6] Deuteronomio 21:15-17.

[7] Hebreos 12:15.

[8] Proverbios 4:23.

[9] Romanos 3:14. 7.

[10] Santiago 3:16.

[11] Santiago 3:2-8.

[12] Isaías 14:13-15.

[13] Filipenses 2:3-4

[14] 2o Corintios 10:5.

[15] Gálatas 5:19-21.